Yo te lo guiso, tú te lo comes.

El lineal de un supermercado es un reflejo fiel de las tendencias sociales. Hasta no hace tanto, la comida se planteaba como algo familiar. Los fabricantes presentaban productos en envases para cuatro personas y no era habitual encontrar raciones individuales.

Pero todo cambia a velocidad de vértigo. Hoy la realidad es muy distinta. Ha crecido considerablemente el número de personas que viven solas, tanto entre jóvenes como entre personas de avanzada edad y el mercado, atento a cualquier indicio de cambio, se ha adaptado rápidamente a este escenario. Los productos precocinados han ganado espacio en las estanterías del supermercado.

Llego tarde del trabajo, no tengo ganas de meterme en la cocina y no quiero tirar comida caducada. O lo que es lo mismo: tiempo, comodidad y ración. Esta es la trilogía del consumidor que vive solo.

A esta situación, hay que añadir otra variable, a la que el consumidor siempre es sensible: el precio. Ahora que estamos en crisis, las marcas blancas se están frotando las manos…

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