Recordando...
Bye, bye, Facebook.
La madurez de las redes sociales empieza a ser evidente. Trataré de explicarlo hablando de Facebook (como máximo exponente de la red social horizontal) aunque creo que es extrapolable a otras comunidades.
Si te hablo de un joven estudiante de Harvard llamado Zuckerberg probablemente te quedes un poco fuera de juego, pero si te cuento que en 2004
Zuckerberg creó Facebook seguro que te suena algo más.
En sus orígenes no era más que el programa de un universitario. Pero eso duró muy poco. El crecimiento fue vertiginoso y hoy cuenta con 200 millones de usuarios en todo el mundo. En este tiempo, quien más quien menos, nos hemos ido introduciendo en las redes sociales. Primero los adaptadores inmediatos, luego los seguidores y en breve será extraño no tener Facebook, incluso para los más reticentes (todos recordamos a alguien que juraba y perjuraba que jamás iba a tener móvil).
Entonces ¿por qué digo que la madurez ha llegado a Facebook? En mi opinión, uno de los indicadores de que la red social ya es mayor de edad es que la gente empieza a preguntarse cada vez con mayor insistencia cómo puede desaparecer de Facebook.
Parece una paradoja, pero no lo es. La novedad, nuestras ganas de formar parte de la sociedad virtual, lo atractivo del proyecto… nos han empujado a entrar en un mundo pagando un único peaje: la cesión de nuestros datos. Esta “cuota” que ni siquiera tuvimos en cuenta al inscribirnos, ahora asusta a muchos. ¿Qué harán con nuestra información? ¿Es seguro tener un perfil? Estas y otras preguntas parecidas han desembocado en peticiones para
desaparecer de Facebook.
Aquí topamos de nuevo con la ley del embudo: todo son facilidades para entrar, pero la salida es más complicada (aunque, en este caso, no tanto como darse de baja de una línea telefónica o conseguir que United Airlines te indemnice por romperte una
guitarra).
Por si a alguno le interesa darse de baja, que sepa que tiene dos opciones: irse de vacaciones o ir a por tabaco. En otras palabras: desactivar la cuenta o eliminarla. En el primer caso dejas de aparecer, pero todos tus datos siguen guardados en un cajón de Facebook, por lo que si algún día decides regresar, lo encontrarás todo igual como lo dejaste. En el segundo, eliminarás cualquier rastro en las bases de datos de Facebook. Si te interesa saber cómo hacer cualquiera de las dos cosas, haz click
aquí, que lo explican muy bien.
¿El siguiente paso? Supongo que la normalidad. Cuando aparecieron los primeros automóviles eran máquinas del diablo. Al poco tiempo, un gran avance. Luego un peligro… Como todas las cosas, se acaban asimilando. Y eso hacemos con las redes sociales: buscar la normalidad.