Archive for June 17th, 2009

Lo que aprendí del perro de mi vecino.

Vamos a ser más precisos: no estoy diciendo que mi vecino sea un perro, sino que mi vecino tenía un perro que me sirvió de maestro.

En los días de verano, Barcelona se convierte en un pequeño horno que tiene encendido a la vez el grill y la resistencia inferior. El sol rebota todo el día sobre el asfalto y a media tarde ya no sabes si el calor viene de arriba o si nace debajo de la planta de tus pies.

Un martes cualquiera, a la vuelta del trabajo y buscando un poco de aire, salí a la terraza. No había dado ni dos pasos cuando el perro de mi vecino empezó a ladrar. Me escondí hasta que se calmó y volví a salir. Ladridos otra vez. Repetí la operación un par de veces más y a la última ya no prestó atención. No dijo ni guau.

El jueves el bochorno fue insoportable y regresé a la terraza. Sólo abrir la puerta oí los ladridos de nuevo. Sucedió exactamente lo mismo que el martes. En cuanto dejaba de sorprenderle mi presencia, paraba de ladrar.

Me pasé todo el viernes pensando… ¿Qué me está queriendo decir ese perro? Estaba claro. Un impacto deja de serlo cuando el público objetivo se acostumbra. La sorpresa es una gran aliada para captar la atención.

Lo mismo vale para el día a día. Podemos hacer campañas estándar y cubrir el expediente o tratar de dar la campanada en cada oportunidad que se nos presente. Nadie dice que sea fácil, pero el perro de mi vecino y el consumidor nos lo agradecerán.

  • Share/Bookmark