Rigor mortis.

Si algo se está perdiendo (y esto es una valoración muy personal) es el rigor. El rigor no vende. Está muerto. Son mucho más importantes los hits, los millones de contactos y las cifras de toda clase que lo que realmente debería serlo.

Uno acepta a amigos en Facebook que no conoce, porque el número de amigos es algo que importa mucho más que si esa amistad se ajusta a algún tipo de realidad. Dime un número y me vale. Suma peras con manzanas y me vale. Y encima, dime que gracias a dios, en internet no se puede engañar a nadie porque todo queda reflejado.

¿Qué queda reflejado? Pues si nos pasamos por el forro las valoraciones cualitativas, mucho y nada. Muchos datos y ningún rigor en su tratamiento.

Conocer un producto no es saber cuántos lo compran. Eso es sólo una minúscula parte del análisis. Sería mucho más práctico saber qué lo hace apetecible, cómo le gusta usarlo a cada cliente o qué defectos podríamos subsanar para mejorar sus prestaciones. Pero no son buenos tiempos para la lírica, ni para los cualitativos. Desafortunadamente. Porque hay cosas (como el bombín y los zapatos de payaso) que jamás deberían pasar de moda.

  • Share/Bookmark