“Compradicciones” y contradicciones.
De vez en cuando, navegando a la deriva por la web, recalo en puertos curiosos. Hoy me he despertado en Compradicción, un blog que recopila cosas realmente estrambóticas que se venden por ahí. Un inhalador de chocolate, unas gafas para leer acostado boca arriba o un altavoz en forma de perro fabricado en material cerámico.
No creo que sea de los blogs más visitados de Weblogs SL, pero su existencia es un buen indicador de la sociedad en que vivimos. Porque va más allá de la jerarquía de necesidades humanas que recoge la pirámide de Maslow. Un altavoz en forma de perro de cerámica no cubre necesidades fisiológicas, de seguridad, de afiliación, reconocimiento o autorrealización. Entra en una nueva categoría que no sé si bautizar como “lo compro porque me da la gana” o “soy freak y no lo puedo evitar”.
Y que conste que no tengo nada contra este perro-altavoz. Quizás me compre uno. El tema de fondo es lo que me llama la atención. Si el objeto no sirve como objeto, ¿es arte? ¿O realmente sirve para algo? En una sociedad de consumo, ¿hay algo que no sea susceptible de ser consumido?


Suscripción vía e-mail
Suscripción vía RSS
Facebook
Twitter














































































