En la escuela se aprende historia, matemáticas, castellano, inglés, plástica, ética o religión… Hay asignaturas para todos los gustos. Muy enriquecedoras, no lo dudo, pero a mi entender, insuficientes.
Me explico. Pongamos por ejemplo la asignatura de historia. En mi época, si te mandaban un trabajo sobre los romanos, consultábamos una enciclopedia, la que teníamos en casa, buscábamos por la R de Roma, leíamos un poco lo que nos contaba, entendíamos la mitad y escribíamos lo que podíamos. Como teníamos que copiar a mano, más bien poco. Era pues un proceso lineal.
Pero ahora ese modelo ya no sirve. Porque la enciclopedia ya no tiene quince tomos, la enciclopedia se llama Internet. El proceso empieza en google, buscar “roma”: aproximadamente 119.000.000 resultados (0,30 segundos). Se afina un poco “imperio romano”: aproximadamente 953.000 resultados (0,27 segundos). Demasiados datos. Así que el alumno acaba (a base de Ctrl C, Ctrl V) juntando un montón de información de la que sólo se ha leído algunos destacados y presenta un trabajo de mil páginas que no sabe ni qué contienen.
El problema es doble: Uno: hoy hay muchísima más información disponible. Y dos: entre esa información hay mucha desinformación (o información incompleta, inexacta, errónea…).
Ante este panorama sólo hay una solución. Enseñar a ese niño a separar el grano de la paja. O dicho de otra manera, a tener criterio. Creo que debería haber una asignatura obligatoria llamada “criterio”. O si lo prefieres “espíritu crítico”.
Porque al final, un abogado quizás no necesite imperiosamente saber calcular la raíz cuadrada de X y un matemático podrá sobrevivir escribiendo “ecuacion” sin tilde. Pero ninguno de los dos llegará muy lejos sin criterio.
Hablando de lo mío, por la misma regla de tres, comunicar con criterio no debería ser un lujo en manos de unos pocos publicistas. Más bien, una condición sine qua non. Y me temo que este no es precisamente el caso.

Diálogo real en instituto de secundaria.
Profesora intentando hacer ver a un alumno que ha de estudiar para tener un futuro mejor.
Profesora – ¿Pero y tú qué quieres ser de mayor?
Alumno – Pos yo traficante ¡claaaro!
A lo mejor el problema del espíritu crítico no está en el colegio si no en el día a día. Televisión, juegos, padres… entorno en general.