Bill Strickland tiene algo de predicador del oeste americano. Persuasivo, con un discurso pausado y un objetivo muy claro, se planta ante cualquier audiencia con la seguridad de que lo que tiene que contar no dejará a nadie indiferente. Empieza hablando de cómo se consigue un milagro sin darle demasiada importancia y poco a poco te envuelve en su historia.
Después de escucharle, me quedo con una conclusión. No podemos conformarnos con algo simplemente bueno. Hay que elevar el listón un palmo por encima de nuestras posibilidades, buscar la excelencia. Porque las apuestas de máximos no son apuestas imposibles.
“Como no sabían que era imposible, lo hicieron”. (Anónimo).