jauhow

(Pasa por debajo de la escalera).

Hay días que parece que te ha mirado un tuerto. Todo lo que hagas va a salir mal, te pongas como te pongas. Si presentas campaña, no sueñes que te van a aprobar el presupuesto. Si te piden que pienses un concepto, mejor déjalo para mañana. Si te lo permiten los timings, claro, porque lo más probable en un día así es que se necesite para ya. Y sobre todo, ni se te ocurra hablar con el jefe de aumento de sueldo, porque lo más probable es que te eche de patitas en la calle.

(Un gato negro está pasando por estas líneas ahora mismo).

Siempre he pensado que la superstición y la publicidad no tienen nada que ver. Si no sale, trabaja más, digo yo. Sin embargo, que yo no crea en supersticiones no significa que las supersticiones sean ajenas a este mundo. En Pekin 2008, por ejemplo, se prohibió cualquier tipo de “publicidad sexual o supersticiosa”. Por eso de enseñar la mejor cara al mundo (y no el mejor culo), supongo.

(Mi camiseta es de color amarillo).

En una agencia de publicidad siempre hay quien se pone la misma camisa para las presentaciones importantes, quien se encomienda a la virgen o quien entra en la sala de reuniones con el pie derecho.

¿Y tú qué? ¿Crees en la superstición? ¿Tienes alguna manía?

(Se me ha roto el espejo… ¡Por feo!).

Pensamiento árbol vs Pensamiento carretera.

Simplificando mucho y sólo para tratar de explicar algo que se me escapa entre los dedos, se me ha ocurrido (aunque hay quien piensa que lo he copiado de alguna parte y no lo descarto) que hay dos maneras de pensar.

Los pensadores árbol se caracterizan por analizar un tema en profundidad, sin moverse del sitio. Se dedican a escudriñar hasta el mínimo detalle, ramificando sus hipótesis hasta el infinito. Pero no de cualquier manera. Igual que un árbol crece hacia arriba (a partir del tronco) y crece hacia abajo (con las raíces), cada análisis incluye una búsqueda de opuestos. El objetivo es conocer todos los puntos de vista para posicionarse en el más adecuado. Esto requiere tiempo y sobre todo, conocimiento de la situación. Por eso los pensadores árbol son meticulosos y están siempre preguntándose si su posicionamiento es correcto.

Los pensadores carretera
, en cambio, persiguen siempre un objetivo. Deciden A para posteriormente poder decidir sobre B. Eligen un camino después de un análisis rápido y avanzan en esa dirección. Este modus operandi permite resolver problemas con agilidad pero siempre tomando riesgos. Son conscientes de que existe un margen de error, pero lo asumen. En caso de fracaso vuelven a plantearse el problema y toman otra dirección. Ven como un problema detenerse demasiado tiempo en un mismo problema.

¿Y a ti qué te parece? ¿Te identificas con uno de estos grupos de pensadores? ¿Tienes un poco de cada uno? ¿O sencillamente crees que este post no se aguanta por ninguna parte? Contesta rápido, que yo soy pensador carretera y ya estoy en otra cosa.

¿Hay dos consumidores iguales?

Divagando sobre las distintas maneras de pensar me he montado mi propia teoría de bar sobre el pensamiento del consumidor.

Todos tenemos una manera de llegar a conclusiones, de tomar decisiones o de afrontar problemas. El abanico de posibilidades es realmente amplio. Hay personas que tienen un pensamiento muy emocional, que se dejan llevar por intuiciones o por lo que sienten que es la mejor opción. Otras, prefieren analizar cada situación con método y disciplina, buscando la respuesta más lógica. Las de más allá, optan por su experiencia personal o extrapolan la de sus conocidos en situaciones similares.

La cuestión es: nuestra manera de pensar, sea intuitiva, racional o empírica (por poner sólo tres ejemplos), ¿nos define lo suficiente como para que podamos elucubrar cómo reaccionará un grupo de consumidores en un mismo escenario?

El comportamiento de los consumidores es decisivo para el éxito o el fracaso de cualquier campaña. Imagínate lo importante que es llegar a conclusiones sobre cómo piensan la mayoría de hombres entre 30 y 45 años cuando optan por cambiar de coche, o en qué basan su decisión de compra las mujeres de clase media-media, urbanitas, sin hijos, cuando empiezan las rebajas.

Conocer las motivaciones del consumidor es un punto clave. La duda está en saber si realmente se pueden generalizar comportamientos. Me explico.

En un hotel de lujo, según leí en alguna parte, apuntaban en una libreta los gustos de cada cliente. Así, formaban pequeñas bases de datos de los inquilinos más habituales en las que había información que permitía darles un mejor servicio.

Al señor X le molesta que le llamen de recepción si no lo pide expresamente, le gusta que le traten de tú y la última vez que vino nos pidió si alguien podía sintonizarle algún canal de TV en el que pudiese comprobar la evolución de los valores de la bolsa. Saber eso evitaba llamadas inoportunas, permitía que los empleados le diesen un trato familiar y que, nada más llegar al hotel, el recepcionista se apuntara un punto informándole de que podía ver las noticias económicas en el canal 5. Evidentemente, el señor X estaba muy satisfecho y siempre que visitaba la ciudad se alojaba en ese hotel.

A mayor escala, es fácil cometer errores. Cuando publicas un anuncio dirigido a niños, tienes que generalizar. Y sabiendo que todos son distintos, hay que buscar puntos en común que te permitan llegar a la mayor parte de ellos.

Así, generalizando, se ha llegado a conclusiones como que el tamaño de un probador en unos grandes almacenes es directamente proporcional a las ventas de ropa. Probador espacioso, mayor índice de ventas. O que en una hamburguesería, un niño consume más si va acompañado de su padre que si va acompañado de su madre.

El quid de la cuestión está en darle a estas conclusiones su justa medida. ¿Pueden tomarse como verdades absolutas o hay que darles el rango de anécdota? ¿Es posible una publicidad “científica” al 100%? ¿Al 90%? ¿Al 50%? ¿Cómo lo ves?

La casa por el tejado.

Para ir a cualquier lugar hay que empezar por el principio. Principiemos pues. Llevamos toda la vida hablando del tema, pero… ¿alguien sabe qué es la publicidad?

* Wikipedia, que lo sabe todo, dice que la publicidad es una técnica de comunicación masiva, destinada a difundir o informar al público sobre un bien o servicio a través de los medios de comunicación con el objetivo de motivar al público hacia una acción.

* O´Guinn, Allen y Semenik, autores del libro “Publicidad”, definen a la publicidad de la siguiente manera: “La publicidad es un esfuerzo pagado, trasmitido por medios masivos de información con objeto de persuadir”.

* Kotler y Armstrong, autores del libro “Fundamentos de Marketing”, definen la publicidad como “cualquier forma pagada de presentación y promoción no personal de ideas, bienes o servicios por un patrocinador identificado”.

Si ya has tenido suficiente puedes pasar directamente al último párrafo. Si te va el sado, sigue leyendo por aquí.

* Para Stanton, Walker y Etzel, autores del libro “Fundamentos de Marketing”, la publicidad es “una comunicación no personal, pagada por un patrocinador claramente identificado, que promueve ideas, organizaciones o productos. Los puntos de venta más habituales para los anuncios son los medios de transmisión por televisión y radio y los impresos (diarios y revistas). Sin embargo, hay muchos otros medios publicitarios, desde los espectaculares a las playeras impresas y, en fechas más recientes, el internet”.

* Según la American Marketing Asociation, la publicidad consiste en “la colocación de avisos y mensajes persuasivos, en tiempo o espacio, comprado en cualesquiera de los medios de comunicación por empresas lucrativas, organizaciones no lucrativas, agencias del estado y los individuos que intentan informar y/o persuadir a los miembros de un mercado meta en particular o a audiencias acerca de sus productos, servicios, organizaciones o ideas”.

* El Diccionario de Marketing de Cultural S.A., define a la publicidad como “una comunicación no personal, realizada a través de un patrocinador identificado, relativa a su organización, producto, servicio o idea”.

Ya ves, esto de la publicidad es más subjetivo que el punto de vista de un bizco. Creo que buena parte de su gracia reside precisamente en eso. Te gusta y no sabes ni siquiera lo que es. O la aborreces y no sabes de qué hablas.

Reducción al absurdo.

Soy consciente de que algunos de los que leáis este post no estaréis de acuerdo con lo que digo. Al menos eso espero. Antes de empezar a escribir me he planteado si debería ser políticamente correcto y presentar las dos caras de la moneda. Pero he decidido presentar sólo una, dejando el derecho a réplica a todos los que piensen en sentido contrario.

Ahí va: la publicidad nos afecta a todos. Si quieres a unos más que a otros, pero a todos. Para defender esta tesis me remontaré un poco lejos. Hasta 1885. Ese año John Wanamaker pronunció una frase que ha pasado a la historia de la publicidad: “se que la mitad de la publicidad se despilfarra, pero no sé qué mitad”.

Esta afirmación ponía de manifiesto que el 50% de la inversión en comunicación no servía para nada. Porque no llegaba al público objetivo, porque no transmitía el mensaje correcto o por cualquier otro motivo. Algunos incluso podrían argüir que el motivo de que no sirviese para nada es que topase con personas que no se dejan influir por la publicidad.

Sea como fuere, esta afirmación, a día de hoy no tiene sentido. Ha llovido mucho desde 1885. Ahora cualquier campaña se mide, con lo que podemos calcular el impacto que ha tenido sobre los consumidores. En TV y en radio se mide el share, en internet los clics, en los mailings el coeficiente de respuesta…

Hasta ahora no debo haber convencido a ningún reacio todavía. Puedes seguir en tus trece y pensar que no te afecta la publicidad. Yo sólo te voy a dar algunos casos prácticos.

1. Nike y Adidas son dos marcas que tienen una dura competencia en las secciones de deportes de los grandes almacenes. Si Nike retira sus displays expositores durante un mes y Adidas mantiene los suyos, las ventas de Nike descienden un 18% y las de Adidas aumentan un 13%.

2. Vueling vende un 85% de sus vuelos por internet y vende más del 70% de sus billetes a través de su página vueling.com. Si no es a través de la publicidad, ¿cómo es posible que un solo sitio web se haya convertido en una central de ventas tan importante? ¿O crees que la gente llega a esa web navegando? (no tengo los datos, pero te aseguro que buena parte de sus entradas son directas, es decir, sin acceder a través de buscador o de links en otras webs).

3. Lois redujo su inversión en publicidad en medios convencionales hace varios años. Hace muy poco salió la noticia de que la empresa española cerraba sus puertas.

Hasta aquí espero haberte convencido al menos de que a la gran mayoría de la población le afecta la publicidad. Ahora voy a tu caso particular.

La próxima vez que vayas al supermercado piensa cuántas marcas te llevas a casa. ¿Has comprado una marca de cerveza específica? ¿Es más cara que alguna otra? ¿Te gusta más por su sabor? ¿Has probado todas las marcas de cerveza para saber que la que has elegido te gusta más? ¿Te has preguntado por qué en ese supermercado no están todas las cervezas? ¿Quién decide qué cerveza te vas a tomar, tú o el distribuidor que trabaja con tu supermercado? ¿Si no encuentras tu cerveza favorita te vas a otro sitio a comprarla?

Los abstemios pueden hacer el mismo ejercicio con gel de baño (espero que todos os duchéis), con agua embotellada, con pasta de dientes… Por cierto, por si os quedaba alguna duda, las marcas blancas también son marcas comerciales, en este caso posicionadas como productos que frecuentemente se venden a precios más competitivos.

Plantéate el tema con la ropa que llevas, el reloj, el coche que conduces o el que te gustaría conducir… Decir que no te afecta la publicidad es como decir que no te afecta el frío o el calor.

Suficiente de momento. Espero tu réplica.

Tú sabes a sal. ¿Y yo?

Lo que está bien dicho no tiene nada que ver con lo que la gente dice. Entre la RAE y una tertulia de amigos hay un abismo. Y en algún lugar entre estos dos polos, está la comunicación publicitaria.

El dilema es lo lejos o lo cerca que debe situarse el lenguaje publicitario de estas dos realidades, a menudo opuestas. ¿Vamos de colegas o somos puristas?

Tú sabes a sal. ¿Y yo? ¿”Sepo” a sal? ¿”Sabo” a sal? Según la RAE, “yo sé a sal”. Me pregunto cuántos de los “inquilinos habituales” del bar de la esquina habrían acertado la respuesta. Y aún más, ¿algún miembro de la Real Academia Española podría haber metido la pata y no saber a cómo sabe?

Perdona por el juego de palabras. Este ejemplo sólo es una manera de explicar que cuando vas a escribir un anuncio tienes que tomar una decisión y posicionarte. ¿Hay que escribir lo correcto o puedes tomarte licencias para acercarte al lenguaje del público objetivo? ¿La publicidad tiene implícita una labor didácica o debe centrarse únicamente en sus objetivos de venta? ¿Es admisible una falta de ortografía en un anuncio?

Hoy creo que “sepo” a sal. ¿Y tú?

Un mundo perfecto.

Imagina que tienes ante ti la posibilidad de eliminar del mundo la publicidad, que pulsando un botón puedes borrar de la mente de los seres humanos el recuerdo de todas las marcas comerciales.

Imagina que dices Cocacola y nadie sabe de qué estás hablando. Imagina que nadie comenta el anuncio de Ausonia del niño que no quiere reír porque lleva aparatos y va a una fieshhhta. Imagina que no existe la República Independiente de tu Casa. Imagina que los niños de 4 a 16 años no conocen a los Jonas Brothers y no piden a gritos ir al cine a ver High School Musical. Imagina que el pueblo donde nunca pasa nada sigue siendo anónimo. Imagina que nadie se pregunta a qué huelen las nubes y nadie sabe qué es el zoom zoom. Imagina que nadie te ha dicho nunca “be water my friend”.

Respira hondo. Tienes el botón justo delante. Púlsalo suavemente y la publicidad desaparecerá para siempre. Piénsalo. ¿Pulsas o no pulsas? (No contestes aún, dame tu respuesta después de la publicidad).

Liberté, égalité, publicité.

Sarkozy ya tiene el permiso de sus ministros para erradicar la publicidad de la televisión pública francesa. El 2011, coincidiendo con la desaparición de la televisión analógica, dejarán de emitirse spots en los canales públicos galos.

El motivo que dio Sarkozy en su momento fue desligar la programación de intereses comerciales. Viva la cultura, la historia y el conocimiento puro. Algo que suena, a mi modo de ver, un poco a la típica frase “yo siempre veo los documentales de la 2″. Que si preguntas, los mira todo el mundo, pero si compruebas los datos de audiencias no los ve ni dios. Y eso es lo que creo que puede ocurrir con la televisión pública francesa, que no la verá nadie.

Permíteme que sea malpensado, pero la ausencia de publicidad hará que estos canales públicos dejen de ser competitivos y se favorecerá y mucho la preponderancia de los grupos privados de comunicación (en este caso TF1 y M6). Y curiosamente TF1 está dirigida por Martin Bouygues, un buen amigo de Sarkozy. Vaya, que la próxima vez que queden para cenar ya me imagino quién pagará la cuenta.

No sé cómo lo ves. ¿Soy demasiado desconfiado?

Los lectores nostálgicos y la tinta electrónica.

Supongo que ya habrás oído algún comentario sobre la desaparición de los libros de papel. Muchos aún tratamos el tema como algo remoto y buscamos amparo en argumentos poco tangibles del tipo: ¿cómo vamos a cambiar el placer de pasar las páginas de un libro a la sombra de un árbol por la frialdad de un aparato que parece una palm?

Los nostálgicos de la lectura nos resistimos a la idea de que en un tiempo no tan lejano, nuestra biblioteca esté comprimida en un libro de tinta electrónica que cabrá en el bolsillo de una camisa. Pero las evidencias son las que son y antes de lo que pensamos se nos acabarán las excusas.

A día de hoy ya hay varios dispositivos de tinta electrónica en el mercado: iLiad e-reader, Sony Reader, STAReBOOK, Readius y FLEPia ya están en venta. Se trata de aparatos muy manejables que nos permiten leer todo tipo de datos sin cansarnos la vista (esta excusa parecía buena, lástima) y ahorrando la tala masiva de árboles que implica mantener viva la industria papelera (encima es ecológico).

Si me apuras, queda por superar un pequeño handicap: el precio. Pero ya se sabe que una vez las marcas decidan que ha llegado la hora de ampliar mercado, el precio bajará en picado.

Así que será mejor que nos vayamos haciendo la idea de que muy pronto los libros dejarán de tener tapas duras o blandas. Porque todos tendrán pantalla, o papel electrónico.

Puedes resistirte, claro. Yo también dije un día que nunca iba a tener móvil…

La virginidad de los blogueros.

Quién publica qué, en qué medio, por qué motivo, con qué intención, a cambio de qué…

No hace tanto, en internet, existían unos seres “incorruptibles” llamados blogueros, capaces de generar noticias y de dar repercusión a cualquier tema. Lamentablemente, su virginidad está en entredicho y cada vez son menos (yo no me cuento, porque este blog no tiene un volumen de visitas suficiente como para que ningún grupo de poder me tenga en consideración).

¿Por qué se están extinguiendo los blogueros independientes?

La publicidad está empezando a entender la web 2.0. Los blogueros se habían convertido en líderes de opinión con un plus muy difícil de encontrar ya en los medios tradicionales: la independencia. Que se lo digan a Tele5 y la Sexta, que se ponen a parir porque forman parte de grupos de comunicación distintos.

Los brazos del poder son largos y actúan rápido. Para quitar veracidad a un bloguero que da opiniones que no interesan, sólo hay que encontrar otros blogueros que generen información contradictoria, generar el ruido suficiente como para apagar las voces críticas.

A día de hoy, se plantea frecuentemente en los planes de medios una partida destinada a RRPP en internet, o lo que es lo mismo, un dinero para enviar información “interesantísima” debidamente estructurada para facilitar el trabajo del bloguero.

“Bloguero, no te lo curres. Yo te lo doy todo, sólo tienes que subirlo a la red y moverlo”.

Y yo me pregunto… ¿El bloguero en cuestión, lo publica porque es interesantísimo o porque es más fácil que pasarse el día navegando en busca de algo que realmente valga la pena explicar? O lo que es peor, ¿le pagan por publicar? Porque si es así, adiós a la independencia. Ahí está el quid de la cuestión. Si es a cambio de nada, perfecto. Pero si se puede comprar esa independencia, estamos listos. ¿O no? No sé, yo soy publicista. ¿Tú qué opinas?