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Recordando...
Yo no sé lo que digo y tú no sabes de qué hablo.
¿Te imaginas a un padre intentando enseñar a su hijo cómo funciona el último juego de la PS3? Niño, mira, tienes que sujetar el mando con firmeza pero sin tensión. Relajar las yemas de los dedos y mirar fijamente a la pantalla. Cuando salga ese bicho de dos cabezas, puedes optar por tomar una posición defensiva o tratar de atacarle. Eso sí. No dudes.
Para ese entonces el malo del juego ya se habrá zampado tres o cuatro veces al pobre personaje. Los niños nos superan en ese tipo de habilidades. Y si eso sirve para los no tan mayores, ni me quiero imaginar qué ocurriría si mi abuelo tuviese que enseñar a mi hijo a pasarse la última pantalla del juego de moda.
Esta anécdota no pretende ser regla universal, sino una mera aproximación a un tema. Sin duda, con un buen entrenamiento, la edad no importa. Pero no todo el mundo se entrena.
Algo parecido sucede cuando te pones a hablar de redes sociales con ejecutivos senior o directores de marketing de alguna que otra empresa: que tienen que tomar decisiones sobre una estrategia 2.0 y en muchos casos “por 2.0 no les viene nada”.
Repito, no es un caso extrapolable a cualquier cargo medio-alto. Hay personas muy preparadas. Pero no es extraño ver a profesionales contrastados en apuros ante palabras como twitter, rss, sindicación o wom, por poner unos cuantos ejemplos.
A veces nuestra primera tarea consiste en “educar” a esas personas, en abrirles las miras ante un escaparate que no deja de sorprendernos a todos y cuyas reglas no están claras para nadie. Puede resultar difícil convencer a alguien de que debe hacer una cosa o la otra cuando todo lo que se plantea son escenarios desconocidos. Es nuestro deber explicar muy bien qué proponemos, para qué fin y en qué nos basamos. Y aquí solemos fallar.
He visto a muchos “enteradillos” vendiendo a sus clientes comunidades virtuales que fomentarán la participación de los consumidores, virales con menos sentido que una bota de fútbol en los pies de una bailarina de danza clásica o blogs que dotarán de contenido a tu marca sin explicar para nada ese famoso contenido que todo lo cura.
Entre unos que no saben y otros que saben demasiado se dan situaciones dantescas. Y esto no es un circo de pulgas. ¿Que cómo afrontamos todo esto? Pues supongo que como siempre: con un poco de sentido común.