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Dos semanas sin ir al lavabo.

La apuesta de TVE por la eliminación de la publicidad de su parrilla está siendo todo un éxito. La audiencia se ha disparado. Y la consecuencia de esto es que el pastel de las privadas es más pequeño.

Es paradójico que una televisión que ya no tiene ingresos por publicidad se alegre de la subida de sus cifras de audiencia. Porque hasta hace 14 días la audiencia no era más que un baremo para incrementar o disminuir el precio de las inserciones; una franja horaria con más audiencia era más cara que una en la que no hubiese nadie delante de los televisores. La audiencia daba el precio. Lógicamente, las privadas siguen en esos cálculos y su prime time tiene un sentido y una traducción económica.

¿Pero qué sentido tiene tener más o menos espectadores en la TVE sin publicidad? Habrá quien diga que más audiencia es sinónimo de mayor calidad. Pero eso también es muy dudoso. Los programas de más audiencia no siempre son programas de calidad. Creo que no hace falta poner ejemplos.

En principio, a cualquier espectador le parece bien que se haya eliminado la publicidad. Es mejor ver una película que dura dos horas en un par de horas que en cuatro. Como mucho, algunos objetan que sin pausas no tienen tiempo de ir al lavabo. O sea que los que no quieren perderse nada llevan dos semanas sin ir a mear. Y eso es mucho aguante.

La siguiente pregunta que se plantea la gente es: ¿y quién pagará esta TVE sin publicidad? Y la respuesta más frecuentes es: todos. ¿Qué habría pasado si el gobierno hubiese planteado que es obligatorio pagar un canon televisivo para ver TVE? ¿La gente habría pagado con gusto para evitar los cortes publicitarios?

En resumen, TVE se emociona con su liderazgo, las privadas se quejan de competencia desleal y el espectador disfruta del momento con la mosca detrás de la oreja, pensando que le quedan dos telediarios antes de que le pidan algo a cambio…

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La inversión publicitaria y los vasos comunicantes.

Dejando la crisis a un lado, la inversión publicitaria, a medio-largo plazo, volverá a las cifras a que nos habíamos acostumbrado. Incluso me atrevo a decir que probablemente seguirán aumentando.

Lo que pasa es que antes había mucho para televisión, algo para radio y bastante para prensa. Pero desde que internet demostró su poder, se ha ido llevando progresivamente trozos de esa suculenta tarta.

Eso supone que, a falta de audiencias televisivas se empiece a imponer la televisión de pago. Si no lo paga la publicidad, lo pagará el público. E implica también que si no se venden tantos periódicos, la inversión se traslade a internet. Lo que conlleva a su vez que los periódicos hagan su versión digital. ¿El siguiente paso? No había que ser muy listo para pronosticar que a alguien se le ocurriría que se pague por el acceso a su periódico en la red. O lo que es lo mismo: si no compras el periódico físico, comprarás el digital.

En todo este proceso, la publicidad se encuentra siempre en la cresta de la ola. Si está de moda el fútbol, se apunta al fútbol. Si lo más in es la F1, todos con Fernando Alonso. Y si hay que apostar por internet, todos a la web.

El quid de la cuestión está en que cada día hay más soportes y llegar al target, que antes era relativamente sencillo, a día de hoy es una auténtica odisea.

En resumen, que la inversión en comunicación es la que es. No hace tanto servia para rellenar un vaso y dejar dos o tres a medias. Ahora, hay tantos vasos que todos están prácticamente vacíos. Y como la publicidad no sufraga los gastos que supone mantener esos vasos, habrá que pagar por beber.

La pregunta es: ¿estamos dispuestos a pagar?

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Liberté, égalité, publicité.

Sarkozy ya tiene el permiso de sus ministros para erradicar la publicidad de la televisión pública francesa. El 2011, coincidiendo con la desaparición de la televisión analógica, dejarán de emitirse spots en los canales públicos galos.

El motivo que dio Sarkozy en su momento fue desligar la programación de intereses comerciales. Viva la cultura, la historia y el conocimiento puro. Algo que suena, a mi modo de ver, un poco a la típica frase “yo siempre veo los documentales de la 2″. Que si preguntas, los mira todo el mundo, pero si compruebas los datos de audiencias no los ve ni dios. Y eso es lo que creo que puede ocurrir con la televisión pública francesa, que no la verá nadie.

Permíteme que sea malpensado, pero la ausencia de publicidad hará que estos canales públicos dejen de ser competitivos y se favorecerá y mucho la preponderancia de los grupos privados de comunicación (en este caso TF1 y M6). Y curiosamente TF1 está dirigida por Martin Bouygues, un buen amigo de Sarkozy. Vaya, que la próxima vez que queden para cenar ya me imagino quién pagará la cuenta.

No sé cómo lo ves. ¿Soy demasiado desconfiado?

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